lunes, 26 de septiembre de 2016

XENIA, TIENES UN WASAP - GEMMA PASQUAL

Enciendes el móvil, repasas otra vez la conversación por si se te ha escapado algo entre líneas, le das mil vueltas a tu respuesta antes de enviar... y después te muerdes las uñas entre las horas en que él lee el wasap y cuando por fin se digna a responder.

Xenia es una chica como las demás que se esfuerza por terminar a tiempo los trabajos del instituto y encontrar plan para el fin de semana. Pero todo cambia con la presencia de Carlos, el chico que de pequeño le robaba las magdalenas de la abuela... y ahora le roba su corazón. Es el amor en los tiempos de WhatsApp.

Xenia es una adolescente normal que vive con su abuela y reparte su tiempo entre el instituto, su mejor amiga y su teléfono móvil.

Todo comienza un día que Paula, su mejor amiga, la deja plantada en la entrada del cine. Allí coincidirá con un grupito de chicos de su instituto y, de manera un tanto incómoda, retomará el contacto con Carlos, al que conoce desde que eran pequeños.

A partir de entonces, la vida de Xenia da un giro inesperado. Y es que ella no sabía que las relaciones amorosas pudieran ser tan complicadas. Por suerte, nunca le faltará el apoyo de su abuela y de su amiga.

Me ha gustado mucho que en la novela se da mucha importancia a la familia y en especial a los abuelos. La infancia de Xenia no ha sido fácil y poco a poco iremos entendiendo el porqué.

También se menciona en varias ocasiones la obra del escritor Gabriel García Márquez y algunas películas clásicas que pueden despertar la curiosidad de los lectores por conocer otro tipo de literatura o cine.

Además, se aprovechan un poco los acontecimientos que se desarrollan en la historia para advertir de los posibles peligros que puede conllevar el uso excesivo del teléfono móvil.

Me ha parecido bastante original que cuando estás llegando a las últimas páginas, la autora te permita elegir qué tipo de final quieres que tenga la historia. Así que serás tú quien deba seguir al emoticono correspondiente a lo que te gustaría que sucediera en el último capítulo.

La historia, aunque creo que no se menciona en ningún momento de forma explícita, está situada en Barcelona, así que quien conozca la ciudad podrá reconocer fácilmente alguno de sus lugares emblemáticos. 

La narración está salpicada con muchos extractos de conversaciones de WhatsApp de los protagonistas y un montón de emoticonos que todos conocemos muy bien.


Xenia, tienes un wasap es un librito cortito que trata un tema muy de actualidad, perfecto para pasar un rato entretenido y con el que muchos adolescentes se podrán sentir identificados.

Publicado originalmente en el número 6 de la revista El aLIJo

jueves, 8 de septiembre de 2016

GEEK GIRL 2. MODELO INADAPTADA - HOLLY SMALE

Harriet Manners sabe muchas cosas curiosas:
· Los seres humanos tienen 70.000 pensamientos al día.
· Las orugas cuentan con 4.000 músculos.
· Una persona normal come una tonelada de comida al año.
· Geek + modelo = que te digan muchísimas cosas cuando vas por el pasillo de la escuela.
Pero no tiene ni idea de chicos. Y en un viaje relámpago de modelos a Tokio, Harriet cambiaría todo lo que ha aprendido en su vida por la más mínima pista de lo que se supone que debería hacer con aquel chico que…

El verano ha llegado y Harriet (que sigue siendo una gran aficionada a hacer listas) lo tiene perfectamente planeado para que sea el más divertido de toda su vida. Sin embargo, parece que todo el mundo se ha puesto de acuerdo para impedir que esto suceda: su mejor amiga está castigada, sus padres sólo piensan en la llegada del nuevo miembro de la familia Manners, el chico león la ha dejado y, para colmo, ha descubierto que su pelo no es de color rubio fresa.

Pero como toda buena hada madrina, Wilbur aparecerá en el momento oportuno para darle a su verano un poquito de magia o, lo que es lo mismo, proponerle viajar a Japón para trabajar en una campaña de moda. Porque sí, a pesar de todo, Harriet sigue trabajando como modelo.

Una vez allí, se esforzará al máximo para no defraudar a Yuka y de paso disfrutar de Tokio, una de las ciudades a las que siempre había soñado viajar (y a la que después de leer este libro también quiero ir yo). Pero las cosas, otra vez, no saldrán como había planeado.

Con esta segunda parte de Geek Girl he confirmado que adoro a Harriet Manners. Aunque ya lleva tiempo metida en el mundo de la moda, sigue siendo una especie de enciclopedia con piernas, inocente, inteligente, divertida y natural. Eso sí, ahora es mucho más fuerte que antes; aunque ella a veces parezca no darse cuenta.

Holly Smale ha vuelto a crear una historia fresca, amena y divertida, en la que destaca la importancia de la amistad, la familia y la confianza en uno mismo. Además explica bastantes cosas de la cultura japonesa y aporta un montón de datos curiosos sobre todo tipo de materias.

Si te gustó la primera parte, no puedes dejar de leer este segundo tomo. Y si aún no conoces a Harriet, te recomiendo que busques la reseña que apareció en el número cero de esta revista porque te vas a enamorar de ella.

¡La geek está de vuelta y no puedes perderte su nueva aventura! 

Publicado originalmente en el número 6 de la revista El aLIJo

viernes, 15 de julio de 2016

Paseando a Bailee [6]

¿Qué probabilidades hay de encontrarse tres veces a una misma persona durante un paseo por una ciudad en la que viven varios millones de habitantes?

En serio. Si alguien ha hecho un estudio sobre esto o tiene datos empíricos sobre el tema, que me los pase. Porque creo que el otro día rompí todas las estadísticas. Y si merezco un premio por haber batido un récord, lo quiero.

El caso es que, esa mañana, a Bailee le habían puesto su primera vacuna de la rabia. Le dio reacción. Y, como bebé que es, se puso muy tontorrona. Pero por la tarde había que salir a la calle aunque no le apeteciese mucho. Así que ahí íbamos las dos: caminando a ratos y paradas la mayor parte del tiempo.

Y en una de esas veces que estábamos «dialogando» mentalmente sobre que mientras se pasea no se atacan los pies humanos, empezó a acercarse una señora con el ya clásico «¡Oooooooooooooooooh! ¡Iiiiiiih! Ñeñeñeñe. Etc.» de voz estridente.

—No la salude, por favor, que se está portando mal hoy.
—Pobrecito. Es pequeño. Etc.

Total que, en vista de que la señora seguía plantada delante de nosotras, hicimos un quiebro y nos alejamos.

Un rato después, para sorpresa mía porque habíamos tirado en direcciones opuestas, volvemos a encontrarnos a la misma señora.

—Mira. Jajajajaja. Es el perrito que está castigado. ¿Le puedo acariciar? (WTH?)
—No. Que está muy excitada (y Bailee también).


Pongo cara de póker y sigo caminando como si nada.

Pero ahí no acabó todo.

Ya cuando estábamos volviendo a casa, nos encontramos con mi mejor amigo y nos paramos con él. Y Bailee, como sabe que la gente normal no la saluda hasta que no se calma (no tocar, no mirar, no hablar hasta que se tranquilice), se sienta mientras hablamos y se nos queda mirando en plan «Oye, tíos, me he sentado y aquí nadie me dice nada». Ya se agacha Edu a acariciarla.

Y en esto… ¡Correcto! Pasa la señora. ¡Sí! ¡Otra vez!

—¡¿Le puedo tocar ya?!
—No.

(Si le había dicho ya dos veces que no, ¿qué le hacía pensar que había cambiado de opinión?)

Total, que el resto del paseo fui casi como en las películas de espías, asomándome a las esquinas y mirando hacia atrás por si nos estaba siguiendo. La próxima vez que vayamos por esa zona utilizaremos bigotes postizos para camuflarnos. 

Fuera bromas, es que hay gente que se piensa que los demás tienen que hacer siempre lo que ellos deseen. Sobre todo si llevas un perro. Porque si llevas un perro estás obligado a pararte, cambiar de ruta y sonreír siempre que alguien te lo pida. Aunque lleves prisa, no te apetezca, vayas hablando con tu acompañante, estés haciendo otra cosa o simplemente no te dé la gana.

Y si no, que se lo digan a la señora duquesa de la terraza del bar.


Íbamos paseando por una acera muy ancha. De estas enormes, vamos. Y de repente una señora que estaba sentada en una mesa justo al otro lado nos empieza a llamar para que nos acerquemos. Paso de largo, obviamente. Bailee sigue caminando a mi lado como si nada.

—Menudos gilipollas (¿Se pueden escribir palabrotas en un blog?)

Yo, que ya había entrado en mi modo «no confrontación» lo ignoré totalmente. Que piense lo que quiera. Estoy paseando con mi perra y no me va a estropear el momento. Pero, de repente, cuando llegamos a la otra esquina, me di cuenta de que Pablo nos había abandonado. Por lo visto se quedó dialogando amablemente con la señora, hasta que la dejó sin argumentos y avergonzada. ¡Bien merecido! A ver si así se entera de que los demás no están a su disposición :)