domingo, 21 de noviembre de 2010

Buenas tardes. Quería dos entradas para crujidos, susurros, patadas y llantos

Ayer fui a ver la última entrega de Harry Potter. Sé que debería hablar de la película, de cuánto me sorprendió (para bien), de lo mucho que ha crecido y lo guapa que se ha puesto Evanna Lynch, de lo que me hizo llorar… y hablar y hablar hasta llenar el blog de spoilers igual que muchos han hecho con el Twitter, el Facebook, el Tuenti y demás redes sociales. Pero no me apetece nada hablar de eso (además de que no quiero estropear la película a los que aún no la hayan visto). Y no tengo ganas porque el monumental cabreo con el que salí del cine casi llegó a eclipsar todo lo demás.

Antes de que empezase la película ya comencé a sospechar que iba a ser un rato muy duro. ¿Por qué? Una chica entró en la sala con un bebé, sí, sí, un bebé. Y con bebé no me refiero a niño pequeño, si no a bebé, de esos que van tumbado en los brazos de su cruel madre. Se sientan en primera fila y pronostico la sordera con la que tendrá que lidiar la pobre criaturita cuando sea más mayor.

Detrás de nosotros toda una fila de niños de unos ocho años más o menos acompañados por sólo dos adultos. Me imagino que sería un cumpleaños, o algo así. Dos adultos que querían ver la peli y aprovecharon para llevar a los amiguitos de sus hijos.
- Si se os acaban las palomitas, yo bajo a por más –prometió el despreocupado señor. Y así lo hizo. Pasó media película saliendo y entrando de la sala mientras los niños no paraban de hablar y de dar patadas a los asientos de la fila de delante.

La película en sí fue un concierto de palomitas aplastadas por muelas hiperactivas; niños hablando; bebés llorando y cantando; y gente entrando y saliendo de la sala. Y por si alguien lo dudaba, daba exactamente igual mandar callar. Cuando acabó la película les pedí a los niñitos de detrás que les dijeran a sus papás que antes de volverlos a llevar al cine les eduquen un poquito. Por supuesto, los “adultos” que estaban con ellos hicieron oídos sordos y se fueron a su casa tan felices.

Y yo me pregunto, ¿dónde quedaron esas amables personitas que cuidaban de la sala durante la película? En los pocos cines de barrio que todavía logran mantenerse con vida, la figura del acomodador sigue vigente. De pie, al lado de la puerta, vigilan la sala y permiten que se pueda disfrutar de la película con total tranquilidad (veáse cine Victoria o Pequeño Cine Estudio).

Personalmente (párrafo de apología a la piratería) a partir de ahora volveré a las viejas costumbres. Me bajaré las películas de internet y las veré en casa, tranquilamente tumbada en la cama y sin ruidos alrededor. No estoy dispuesta a seguir pagando 8€ para tener que estar soportando a niños cuyos padres no tienen ni idea de cómo educarles, y a gente que sólo va al cine con la excusa de comer palomitas. Si a toda esa gente le sobra el dinero, a mí no.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El gran carnaval


Ayer mientras desayunaba con el telediario de no recuerdo que canal me di cuenta de un hecho cuanto menos preocupante. Como viene siendo habitual durante los últimos días, los informadores nos ofrecieron imágenes de la mina chilena donde hay 33 personas atrapadas. Esta vez, las imágenes eran de la parte externa de la mina, donde miles de medios de comunicación, personajes de la política y curiosos se agolpan para no perder detalle de nada de lo que allí suceda. Lo terriblemente curioso es que mi cerebro asoció inmediatamente estas imágenes a las de una película que vi hace unos meses. El gran carnaval, dirigida por Billy Wilder en 1951. Para quien no la haya visto, cuenta la historia de un periodista en horas bajas, que aprovechará un accidente en una mina para tratar de relanzar su carrera. Un hombre queda atrapado y el periodista hace todo lo posible para retrasar lo máximo el rescate y así alargar la historia y exprimir de ella hasta la última gota de dolor. Sensacionalismo, morbo y curiosidad enfermiza reúnen a centenares de personas en el exterior de la mina que poco a poco van creando una feria, literalmente. No voy a contar el final. Y tampoco estoy acusando a nadie de no estar esforzándose lo suficiente para sacar a esos pobres mineros. Lo que no podemos negar es que se está jugando con sus vidas. Videos para mostrar su nivel de aseo, relatos de sus vidas privadas, titulares sensacionalistas o publicación de las conversaciones con sus familias son sólo algunos ejemplos de los recursos utilizados por los medios para mantener la atención de un público ávido de historias morbosas.

Por desgracia muchos son los casos en los que historias dolorosas son retransmitidas como si de una novela se tratase. Puede que sea rentable, pero desde luego lo que sí que sé es que no es nada ético y sobre todo es una vergüenza. Y triste… muy triste.

miércoles, 7 de julio de 2010

No lo entiendo...

Estoy triste.
Le conozco muy bien y se que puede dar la impresión de ser raro, pero no es así, simplemente es exigente, le gusta ser selectivo. Últimamente estaba un poco enfadado porque se sentía solo y ayer definitivamente decidió marcharse. Espero que su ausencia sea transitoria y regrese pronto.


¿Qué por qué se enfadó? Muy sencillo.


Ayer apareció en los medios de comunicación un
video de unos soldados israelíes bailando. Estos "señores" estaban en la ciudad palestina de Hebrón, un territorio ocupado y en manos del ejército.

Resulta que vi gente a la que este video le hizo muchísima gracia, y por eso es por lo que él decidió irse. Pensó que estaba haciendo muy mal su trabajo y me dejó para que pudiera encontrar a otro que fuera más acorde con el resto.

Por favor, si alguien encuentra mi
sentido del humor, que le diga que vuelva, que me encanta como funciona.

De verdad, no entiendo el sentido del humor de la gente. ¿Cómo puede hacer gracia algo así? ¿Acaso creen que a los palestinos que hubiera alrededor muriendose de hambre, les habrá hecho gracia el bailecito de estos personajes?

Juro que me da asco pensar que algo así puede provocar la risa de alguien.

lunes, 5 de julio de 2010

Te quiero. Todo lo que haces es perfecto.


Estos últimos días una pregunta me ronda la cabeza: ¿Querer a alguien significa dar por hecho que todo lo que hace está bien, aunque no sea así?

Ya sé que hay muchos tipos de “querer”, pero no quiero entrar en la polémica sobre el significado del concepto. Tomémoslo como concepto estándar, como cuando aceptamos pulpo como animal de compañía. Es decir, lo entendemos como querer en general: a la familia, la pareja, los amigos, el perro, el gato, el ídolo o lo que se os ocurra.

Si cualquiera de estas figuras a las que quiero hace algo que no me gusta, ¿tengo que decirle que me parece muy bien lo que ha hecho? Si no lo hago, y por el contrario expreso mi verdadera opinión, muchos pensarán que realmente no le quiero, que si le quisiera, le apoyaría.

¿Y eso no es más bien “hipocresía”? Y si quien lo hace es alguien que no me importa en absoluto, ¿puedo entonces decir que no me ha gustado la acción?

Para mí, la verdadera forma de “querer” o “apoyar" a alguien es buscar lo mejor para esa persona. Y si se equivoca (bajo mi punto de vista) ¿por qué no voy a decírselo?

Seguro que a mucha gente le ha pasado algo parecido a lo siguiente: Te vas de compras con tus amigas y te pruebas un vestido con el que pareces una mortadela, de lo embutido que te queda. Ellas, para no disgustarte te dicen que te queda perfecto, que estás guapísima. Tú, que confías en ellas, lo compras y te lo pones esa misma noche y eres feliz hasta que ves que la gente te mira, murmura y se ríe. O hasta que alguien te dice lo mal que te sienta.

¿Y no es mejor que te lo diga la persona que supuestamente te “quiere”, que después pegarte el batacazo delante de otros a los que no les importas en absoluto?

Yo creo que sí y para los que me leéis, que creo que casi todos formáis parte de ese pequeño círculo, os pido que cuando haga algo que no os parezca bien, me lo digáis. Prefiero enfurruñarme durante diez minutos y luego daros las gracias, que hacer el ridículo durante toda la vida.

jueves, 6 de mayo de 2010

Siempre pueden más dos tetas...


Hacía mucho que no escribía. Estoy de trabajos y de apuntes hasta arriba. ¡Qué ganas tengo de que sea julio!


El caso es que necesitaba compartir mi sufrimiento. Creo que me estoy volviendo loca.


Ayer mientras surfeaba por Google buscando imágenes para un trabajo de Cromatismo en Prensa, me di cuenta de algo que me llamó mucho la atención (para mal).

La cuestión es que buscase lo que buscase, no más tarde de la cuarta página me empezaban a salir fotos de tías en bolas o en ropa interior. Y que conste que no buscaba ninguna cosa rara. Verano, frío, limpio, azul, amarillo, dinero… vamos, cosas de lo más normalitas y que puede buscar cualquier persona, incluidos niños pequeños. ¡¡Incluso buscando Perry el Ornitorrinco (un personaje de dibujos animados)!!


No sé si la discriminación que sufre Taylor Swift en España por no enseñar nada (y bien orgullosa que estoy yo de que no lo haga), me empuja a fijarme más en estas cosas o es que realmente de un tiempo atrás a ahora ha crecido el fenómeno de “sólo venden las que salen desnudas”.


El mundo de la música (Miley Cyrus, Lady Gaga…), de la televisión y del cine, se mueven cada vez más por el sexo (siendo las mujeres las protagonistas siempre, por supuesto). El otro día viendo la película Perdona si te llamo amor, todo iba muy bien hasta que al final tuvieron que salir las tetas de una de las chicas en primer plano. ¡Ya me estaba extrañando a mí!


Y lo que es más serio aún: ahora mismo tres de las diez noticias más leídas en ElMundo.com (incluida la primera) tienen que ver con el mismo tema.


¿Esto es un fenómeno real o soy yo que estoy enloqueciendo?

jueves, 25 de marzo de 2010

Vivo en un país donde se asesinan toros pero no se pueden ver pelis online

A estas alturas resulta imposible negar que el Facebook es un medio con una gran capacidad de crear fenómenos sociales (véase el fenómeno "señoras que") y de movilización (aunque luego esas movilizaciones no sirvan para nada en absoluto).

El caso es que uno de los grupos más seguido en los últimos días es Vivo en un país donde se asesinan toros pero no se pueden ver pelis online. ¡Y qué gran verdad!

«Los toros son un bien cultural a proteger», dice la señora Esperanza Aguirre; mientras que el Rey define la fiesta de los toros como 'un mundo cultural y artístico fecundo' (El Mundo.es 25/03/2010). Paralelamente al debate sobre la declaración de las corridas de toros como Bien de Interés Cultural, se aprueba la ley para el cierre de las webs de descarga y visión online de películas y series. Paradójico cuanto menos.

Es decir, hacer sufrir y matar animales es una parte importantísima de la cultura, mientras que para ver una película una sola vez tengo que gastarme como mínimo 7€. Y ya si la quiero comprar, de 20€ hacia arriba. Y es más, hay películas, series o discos que ni siquiera llegan nunca a España. No estoy a favor del robo indiscriminado de los derechos de autor, pero evidentemente son inadmisibles los precios que tienen las películas y los discos. Deberían buscar la solución por ese camino y no por el de la censura, que lo único que consigue es crear cada vez personas menos interesadas en la verdadera cultura. Y hablando de precios y negocio. El viernes pasado fue la fiesta de lanzamiento del DVD de Luna Nueva. La productora ‘Aurum’ hizo lo que quiso con los fans de la saga y sólo lanzó las ediciones más caras (79€ costaba la cajita). Evidentemente no me la compré ese día, ni tampoco ayer cuando salió la edición libro que es la que colecciono. Ya la tengo en versión dual, y me llevé los regalos que daban por comprarla (o por no comprarla en mi caso) el día de la fiesta. Cuando la rebajen a 6€ la compraré….

viernes, 19 de marzo de 2010

¿Opinión?

El otro día en clase debatíamos sobre si todas las opiniones son respetables. En mi opinión todo el mundo debe tener derecho a opinar, sin embargo no todas las opiniones pueden ser respetables. Es más, yo creo que también depende de quién lo diga, donde y en qué momento.

Días después me hicieron llegar este artículo de opinión de Eduardo Jordá, en el Diario de Mallorca. El texto ha traído cola y me consta que este "señor" ha recibido unos cuantos emails más de los que suele recibir normalmente. A lo mejor es lo que buscaba, ser el centro de atención. Si era eso, sin duda lo ha conseguido.

Es cierto que los artículos de opinión son eso, opinión, pero los periodistas (o cualquier persona que escriba en un medio de comunicación, sea el que sea) tienen una responsabilidad añadida a la hora de expresar esa opinión.

Además en este caso, este artículo debería tener la intención de una necrológica, es decir, la intención de rememorar la vida y la obra de Miguel Delibes, tras su muerte. Este tipo de textos, según tengo entendido, suelen estar escritos por personas que admiran al personaje fallecido, o cercanas a él, y por lo tanto los textos suelen estar escritos con un tono de elogio.

Lo primero que me planteo es si al tal Eduardo Jordá no le gusta Delibes, ¿por qué se ha encargado él de escribir ese artículo en ese momento? Vale, puede que se lo hayan encargado a él sin más y que verdaderamente no le apeteciera hacerlo porque no le gusta Delibes, pero aún así el respeto debe ser lo primero. Para aprender eso no hace falta estudiar periodismo ni ninguna otra carrera, es simplemente tener un poquito de sentido común.

Del desprecio hacia la literatura española del siglo XX y hacia la ciudad de Valladolid que expresa este "señor", ni siquiera me voy a molestar en decir nada.

Os dejo aquí su pseudo-disculpa, que personalmente, para decir eso creo que se la debía haber ahorrado.

¡Buen día! Y felicidades a los papás, a los Joses, Josefas, Pepes, Pepas, Pepitas...

jueves, 18 de marzo de 2010

Bienvenida

¡¡Bienvenidos a In a storm in my best dress!!

Creo que lo primero que debería hacer es presentarme. Soy una "casi" periodista, aficionada al doblaje y a escribir.

Os presento mi blog, en el que escribiré sobre cultura, periodismo y lo que vaya surgiendo.

Y en homenaje al título del blog, dejo un video de Fearless de Taylor Swift, de donde está sacada la frase. Que lo disfruteis!