miércoles, 1 de septiembre de 2010

El gran carnaval


Ayer mientras desayunaba con el telediario de no recuerdo que canal me di cuenta de un hecho cuanto menos preocupante. Como viene siendo habitual durante los últimos días, los informadores nos ofrecieron imágenes de la mina chilena donde hay 33 personas atrapadas. Esta vez, las imágenes eran de la parte externa de la mina, donde miles de medios de comunicación, personajes de la política y curiosos se agolpan para no perder detalle de nada de lo que allí suceda. Lo terriblemente curioso es que mi cerebro asoció inmediatamente estas imágenes a las de una película que vi hace unos meses. El gran carnaval, dirigida por Billy Wilder en 1951. Para quien no la haya visto, cuenta la historia de un periodista en horas bajas, que aprovechará un accidente en una mina para tratar de relanzar su carrera. Un hombre queda atrapado y el periodista hace todo lo posible para retrasar lo máximo el rescate y así alargar la historia y exprimir de ella hasta la última gota de dolor. Sensacionalismo, morbo y curiosidad enfermiza reúnen a centenares de personas en el exterior de la mina que poco a poco van creando una feria, literalmente. No voy a contar el final. Y tampoco estoy acusando a nadie de no estar esforzándose lo suficiente para sacar a esos pobres mineros. Lo que no podemos negar es que se está jugando con sus vidas. Videos para mostrar su nivel de aseo, relatos de sus vidas privadas, titulares sensacionalistas o publicación de las conversaciones con sus familias son sólo algunos ejemplos de los recursos utilizados por los medios para mantener la atención de un público ávido de historias morbosas.

Por desgracia muchos son los casos en los que historias dolorosas son retransmitidas como si de una novela se tratase. Puede que sea rentable, pero desde luego lo que sí que sé es que no es nada ético y sobre todo es una vergüenza. Y triste… muy triste.

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