jueves, 23 de julio de 2015

Ve y pon un centinela - Harper Lee

Todavía recuerdo el momento de euforia que experimenté hace unos meses, cuando leí el anuncio de que habían encontrado un manuscrito antiguo de Harper Lee. Matar un ruiseñor es mi novela favorita (junto con One Hundred Names, de Cecelia Ahern) y cuando supe que iba a poder conocer cómo había continuado todo para Atticus y Scout, me volví loca de alegría.

Más tarde los medios empezaron a llenarse de teorías conspiratorias: que si la abogada había engañado a la autora para sacarlo, que si nunca había existido realmente ese manuscrito, etc. Yo en ese momento no me creí nada. Vale, la escritora es muy mayor y tiene secuelas provocadas por un ictus, su hermana acababa de morir, pero de ahí a que alguien se fuera a aprovechar de las circunstancias hay un trecho enorme. No podía ser.

Llegó la fecha de lanzamiento. Acababa de releer el clásico para ponerme en situación. Y cuando tuve Ve y pon un centinela en las manos, me entró el miedo. ¿Y si no me gusta tanto? ¿Y si no cumple las expectativas?  ¿Y si...?

Pues bien, quince páginas más tarde, mis temores quedaron a la altura del betún…

Esto no va a ser una reseña, sino más bien una no-reseña, pero me veía en la necesidad de compartir mi decepción, mi desilusión y mi indignación. Voy a intentar no hacer spoilers de ninguno de los libros, pero explicarlo de forma que quien haya leído Matar un ruiseñor entienda a qué me refiero. Allá voy:

1. TRAMA. El libro cuenta el regreso de Jean Louise (nuestra Scout) a Maycomb durante las vacaciones. Tiene veintiséis años y vive en Nueva York. Sin embargo, cuando llegue allí, todo habrá cambiado tanto que le será imposible reconocerlo como su hogar: el pueblo, sus amigos e incluso Atticus parecen otros. El libro vuelve a tratar el tema del racismo, pero de un modo muy diferente al anterior.

2. PERSONAJES. Durante las 269 páginas apenas he logrado reconocer a los personajes que conocía y que tanto aprecio. Scout se ha convertido en una jovencita que tiene la palabra “cariño” todo el día en la boca; sigue siendo rebelde y amante de los pantalones, pero se ha vuelto tan snob que a pesar de que su intención es buena, ha habido varios momentos en los que se me ha hecho insoportable.
Atticus es un anciano de 72 años (en Matar un ruiseñor dicen que está cerca de los 50, por lo que las fechas, además, no coincidirían). Sigue tan dialogante y tan calmado como siempre, pero se ha convertido en lo contrario a lo que fue antiguamente. Vale que al final intenta justificar este cambio, pero a mí no me ha convencido en absoluto.
Calpurnia ha dejado de ser ella. Y el tío Jack se ha convertido en algo así como un payaso demente.

3. SUCESOS ANTIGUOS. Si os digo que penséis en el punto culminante de Matar un ruiseñor, creo que todos los que lo hemos leído sabemos a qué me refiero. Bien. También sabéis de sobra cuál fue el resultado de ese punto culminante, ¿verdad? ¡Pues no! Según este nuevo libro, el resultado fue el contrario. WHAT???! Sí, yo también me quedé así cuando lo leí. Y, en realidad, no es el único momento en el que contradice al clásico. 

4. REPETICIONES. Pues sí, cuál ha sido mi sorpresa cuando me he encontrado con varios fragmentos de Matar un ruiseñor, pegados tal cual en este nuevo libro. Y no hablo de frases, no, sino de páginas enteras.

5. ESTILO. Nada que ver con el anterior. Me esperaba que este libro estuviera narrado en primera persona por la Scout mayor, sin embargo tiene un narrador en tercera persona que le quita toda la gracia al asunto. Yo creo que lo especial de Matar un ruiseñor es precisamente ese contraste entre la inocencia de Scout y la dureza de los hechos. Obviamente, no esperaba que conservara ese toque infantil, pero sí la voz de la protagonista como narradora.

Me ha costado la vida terminarlo, porque cada página que pasaba me iba indignando más. Ahora me creo las teorías conspirativas, pero tengo las mías propias. Me debato entre dos opciones porque me niego a pensar que esto lo haya publicado Harper Lee por voluntad propia:

a) Este libro no lo ha escrito ella. La abogada, al morir la hermana, encargó a alguien que lo escribiera para poder sacar tajada del asunto. Y este alguien ni siquiera se molestó en leer en profundidad Matar un ruiseñor, se bajó un resumen de Internet y tiró para delante.

b) Este manuscrito era un borrador que ella escribió antes de Matar un ruiseñor, lo guardó como recuerdo y ahora de verdad lo han publicado sin su permiso.

Probablemente jamás sabremos la verdad sobre este asunto, que ha estado rodeado de hipótesis oscuras desde el principio. Yo casi prefiero no saberlo, la verdad. Lo único que sé con certeza es que ha estado a punto de destrozar la imagen que tenía de Atticus y Scout Finch y de la historia de Matar un ruiseñor. Así que creo que voy a optar por olvidarlo, por esconder el libro en la estantería más alta y releer To Kill a Mockingbird en cuanto me lo devuelvan.

Hagamos como si esto jamás hubiera pasado.

lunes, 6 de julio de 2015

El cuento número trece - Diane Setterfield


Vida Winter es una escritora muy famosa: todo el mundo conoce sus novelas, pero muy pocos tienen el privilegio de saber quién es en realidad. Y es que la señorita Winter dispone de tantas versiones de su vida como periodistas la han entrevistado. Pero ahora, por fin, ha llegado el momento en el que ha decidio contar la verdad.

Margaret Lea es una mujer joven, hija del dueño de una librería de viejo, amante de los libros y con una pesada carga en su alma y en uno de sus costados. Es experta en llevar a cabo investigaciones para esbozar biografías de difuntos célebres, pero ¿será capaz de escribir la historia de una persona viva y desentrañar qué se esconde detrás del nombre de Vida Winter?

Esta, sin duda, va a ser una reseña complicada, de esas que sé de antemano que por mucho que me esfuerce, jamás hará justicia a la maravilla de libro que he tenido entre las manos durante los últimos días. Por eso, antes siquiera de empezar, quiero recomendaros que lo leáis en cuanto tengáis ocasión, incluso en el caso de que mi reseña os deje dubitativos.

La novela empieza cuando Margaret Lea recibe una misteriosa carta en la que Vida Winter le ofrece trabajar para ella como biógrafa. Margaret es una enamorada de la literatura, pero de la literatura antigua, cuyos autores ya han fallecido. Por eso, sabe muy poco sobre esa escritora y ni siquiera ha leído nunca una de sus famosísimas novelas. Obviamente, antes de aceptar el trabajo, se sumerge en una profunda documentación en la que descubre las apasionantes letras de la señorita Winter y su misterioso pasado, que nadie parece conocer con certeza. Vida Winter es una narradora nata y por ello siempre tiene una fantástica historia que regalar a los periodistas que se acercan a ella para entevistarla acerca de su vida.

Aún un poco reticente, Margaret se traslada al hogar de la señorita Winter. Durante su primera reunión, ambas ponen una serie de condiciones para llevar a cabo el proyecto. La biógrafa pide tres datos concretos y de los que pueda comprobar su veracidad para estar segura de que no le está mintiendo como ha hecho durante toda su vida con los periodistas. Vida Winter no admitirá preguntas, ni saltos temporales, la narración se realizará con el ritmo que ella establezca, sin interrupciones.

Ese será el comienzo de una historia de fantasmas, de gemelas, de misterios, de secretos y trampas, que enseguida cautivará a la señorita Lea. Y es que ella también esconde un pasado doloroso que en parte se asemeja al de la escritora.

A lo largo de las casi 500 páginas que tiene el libro, iremos descubriendo poco a poco la realidad que se esconde detrás de famosa escritora y el dolor que tortura el alma de la biógrafa. Pero solo al final nos será desvelado el secreto más valioso, la respuesta que más anhelan todos los lectores de Vida Winter: ¿de qué trata el misterioso Cuento número trece
 
El libro está narrado en primera persona por varias voces que se van intercalando. A veces es Margaret quien habla, pero, por supuesto, durante las sesiones para la biografía el papel de narradora lo toma la señorita Winter. Además, podremos leer cartas y fragmentos de diarios de otros personajes.

El estilo de la autora es pulcro, sutil, cuidado y muy bello.

El cuento número trece es un libro para leer despacio, saboreando cada frase, cada palabra, cada sílaba. Un libro para conocer a fondo a cada personaje pues todos tienen algo que los hace únicos, para hacer conjeturas sobre cada suceso y para sorprenderse con cada giro inesperado. Una historia perturbadora, dolorosa pero bellísima. 

Sin duda, leeré más de Diane Setterfield (e intentaré conseguir este en inglés) en un futuro próximo porque sus letras me han enamorado.

No dejéis de leerlo, porque os estaréis perdiendo una verdadera joya literaria.