viernes, 1 de abril de 2016

Los pecados de verano - Daniel Blanco Parra

Primavera de 1951. Consuelo, a la que todos llaman la Señora, vive en un permanente estado de hastío: la agotan sus dos hijos pequeños, su madre y su criada, la asquea su matrimonio concertado y la asfixia su pueblo. Todo cambia el día en que su marido es invitado a participar en el Primer Congreso Nacional de Moralidad en Playas y Piscinas, donde un grupo de elegidos intentará poner coto a las relajadas costumbres de los turistas. Este viaje de toda la familia a una ciudad mediterránea —el sol, la luz, el mar— los abruma y desarma, mostrándoles un nuevo paisaje de libertad, no siempre agradable. Los pecados de verano es una historia «decente» sobre la rebelión íntima, sobre los arrebatos y el deseo, pero es también un divertido paseo por esa España mojigata y aún dolorida que empezaba a abrirse al turismo, a las suecas y también, a pesar del alboroto, a los bikinis.
Los pecados de verano nos cuentan la historia de la familia Villalobos y la España de principios de los años cincuenta, que empieza (muuuuuuy despacio) a abrirse al turismo extranjero. 

Consuelo, a quien todo el mundo conoce como la Señora, vive en una especie de mansión en un pequeño pueblo junto a su marido, sus dos hijos, su madre y su criada. Su existencia es rutinaria y tediosa hasta que el cabeza de familia es invitado a asistir al Primer Congreso Nacional de Moralidad en Playas y Piscinas, donde se van a discutir las medidas que se deben tomar para controlar a los extranjeros que han empezado a llegar a las costas españolas con sus bikinis y sus «ganas de provocar». Aprovechando el evento (que existió de verdad), toda la familia viajará a la costa mediterránea y esa nueva experiencia hará que cambien muchas cosas en todos ellos.

El peso de esta novela no recae sobre la trama, sino sobre los personajes y el contexto en el que están situados. Es muy interesante conocer cómo y por qué han llegado cada uno de ellos a donde están, cómo la situación del país influye en sus vidas y su evolución a lo largo de las páginas (la de unos más que la de otros). 

También llama mucho la atención la idelogía, las costumbres y las restricciones que abundaban en nuestro país en esa época. Aunque, por desgracia, en algunas cosas no hemos evolucionado lo suficiente todavía. 

Los capítulos son muy cortitos; tanto, que nunca sabía cuándo dejar de leer, porque siempre pensaba: «bueno, si el siguiente sólo es una página, venga». Y así hasta el infinito.

No esperéis encontrar una historia llena de acción, ni escenas espectaculares, ni un ritmo trepidante. Este es un libro bello, con un ritmo pausado y un estilo exquisito. Se nota que Daniel Blanco ha cuidado hasta la última coma, sin dejar nada al azar.

Me encantó y os lo recomiendo a todos los que estéis buscando una lectura especial.

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