viernes, 10 de junio de 2016

Paseando a Bailee [3]

Uno de los primeros días que salí a pasear con Bailee, descubrí que sabía volar. Sí, sí. No pongáis esa cara. Ahora os lo explico:

No recuerdo qué clase de evento social estaba ocurriendo ese día, pero el caso es que había muy poca gente por la calle. Así que yo iba bastante tranquila, la verdad. De repente, Bailee se paró y yo me paré. Pero, una vez que me aseguré de que no había nada en el suelo que pudiera comerse, seguí mirando hacia delante, con la correa destensada, para darle tiempo a que se animara a seguir con el paseo.

Y, de repente, noté que la correa ya no caía hacia el suelo, sino que estaba elevada a mi altura. ¡Bailee estaba volando! ¡Qué maravilloso! 


Sorprendida por el descubrimiento de que mi perra en realidad era algún tipo de ser fantástico que podía ponerse a flotar en el momento menos pensado, me di la vuelta. 

Y la encontré en brazos de  una señora.

En serio. ¿POR QUÉ?

Mi cara debió de ser épica.

Vale, puedo aceptar que quieras pararte a saludarla (yo insisto en que no lo haría, pero ya estoy aprendiendo a convivir con ello) pero ¿cogerla en brazos? ¿A santo de qué?

Pues esta fue la primera, pero no la única experiencia. Porque para la gente parece que es de lo más normal ir por la calle y coger en brazos al primer perro que te encuentres. Bueno, supongo que con uno que pese sesenta kilos no lo harán. Supongo…

Pero, sin duda, la gente que más me gusta es esa que se indigna cuando le dices que, por favor, no la coja en brazos.

—¡Ah! ¿No? ¿Y por qué no?


Aquí es cuando me entran ganas de soltarles un «pues porque es mi perra y no me da la gana». Pero, claro, encima hay que ser amable. Así que suelo intentar salir del paso con un dulce «es que no puede acostumbrarse a que la cojan durante el paseo». Y aun así, hay personas que no quedan conformes con la explicación y empiezan a discutir.

Eso me ha hecho pensar que a la próxima persona que lo haga, le cogeré el bolso o cualquier cosa que lleven por ahí. A ver si les parece tan normal.

En fin…

Creo que soy de otro planeta.


O, bueno, a lo mejor no. Porque resulta que no soy la única que lo piensa.

¡Aún hay esperanza!

El otro día me crucé con una mujer que llevaba dos niños de la mano. Uno de ellos, en cuanto vio a Bailee, se lanzó a por ella. Pero la madre le agarró del brazo a tiempo, se paró con él y le explicó la situación de una manera que ni yo misma lo hubiera dicho mejor:

«¿Qué te parecería si un día voy yo caminando con vosotros y alguien que no conocemos se acerca a saludaros?»

Pues eso :)


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