viernes, 24 de junio de 2016

Paseando a Bailee [5]

Durante estos meses he aprendido que para muchas personas la frase «si yo también tengo perro» significa completo derecho para hacer lo que les venga en gana. Soltar esa frase es como sacarse del bolsillo una llave maestra o como ponerse la pulserita del todo incluido en un hotel o el sello del parque de atracciones que te permite montarte en Los Fiordos nada más llegar mientras la gente que lleva tres horas haciendo cola te mira con una mueca bastante simpática.

Esa frase es como el título de la universidad. Porque, si lo tienes, es que sabes de todo lo relacionado con el tema. Aunque claro, hay niveles. Está el que «yo es que he criado perros toda la vida» hasta la que «una vez me pareció ver un perro desde la ventana pero al final me di cuenta de que era una mancha en el cristal».

Pero todos ellos saben muchísimo del tema de la educación canina y están dispuestos a bendecirte con un millón de consejos para que de una vez por todas sepas cómo tratar a tu perro.

A mí, que alguien me diga que tiene (o ha tenido) perro es como si me dice que le gusta el color rojo o que usa una talla cuarenta de zapatos. No me proporciona ningún tipo de información sobre cómo lo ha criado. Y, francamente, tampoco es algo que me importe.


Ayer mismo, estábamos parados en la calle. Bailee estaba bebiendo agua porque hacía un calor de muerte. Ella se dispersa con cualquier cosa, con lo cual, hay que estar llamando su atención todo el rato para que termine de beber y no pasen veinte minutos entre un sorbo y otro. Total, que de pronto, a mi espalda, aparece una señora:

—¡Ay! ¡Bebé! ¡Oh! ¡Qué bebé! Ñiñiñiñiñi. Etc. (Léase con voz estridente).
—Venga, Bailee, que estás bebiendo.
—Bueno, ya la he distraído. Jajaja.
(Ok, señora. Muchas gracias. Qué graciosa es usted. Me parto.)

Bailee, como cachorro que es (y encima sobrexcitada por cómo se acerca la mujer), empieza a ponerse a dos patas sobre las piernas de la señora. La corregimos para que baje.

—No, si YO TAMBIÉN TENGO PERRO. No pasa nada.
—Ya. Pero es que no queremos que se suba a la gente J

La señora pone cara de vinagre, se da media vuelta y se marcha toda indignada. Porque claro, ella «también tiene perro» y por lo tanto, nosotros debemos dejar de lado cómo queremos educar a la nuestra, para que ella la eduque a su modo. ¡Somos unos bordes!


Además, hace unos días me pasó algo parecido con otra señora, que se empeñó en acariciar a Bailee, mientras ella saludaba a su perro. (¿Por qué? ¡Si los que se están saludando son los perros! Es un misterio para mí). Yo la corregí para que no se pusiera a dos patas, pero la señora insistió, agarrándola por el pecho para levantarla. Y, al final, terminó mordiéndole el jersey. Y, obviamente, protestó. Y, obviamente, la culpa fue mía...

Pero no han sido los únicos casos.

Al principio de los tiempos, cuando Bailee era un tormento en la calle y no paraba de morderme las piernas mientras tratábamos de caminar, una señora me vio corregirla. Empezó a caminar detrás de nosotras, a nuestra misma velocidad de tortuga, y cuando se puso a mi altura…
—Es que no la tienes que regañar.
—Tiene que aprender desde el principio a portarse bien.
YO TAMBIÉN TENGO PERRO. Y lo que necesita es cariño. Que la acaricies.
—Si la acaricio cuando hace algo mal, refuerzo ese comportamiento.
—Pobrecita. Está falta de amor.
(Inés dentro de su mente: A lo mejor la que está falta de amor es usted.)
Y cruzamos de acera.

Pero al otro lado de la calle me esperaba otro «yo también tengo perro».
—Qué mala es. Lo que tienes que hacer es pegarle en el morro.
(Inés con los ojos desorbitados.)
—No hay que pegarlos.
—Sí. YO TAMBIÉN TENGO PERRO y he criado pastores alemanes. Les pegas en el hocico y ya no muerden más.
—Ok. Venga, Bailee, vamos.

Pero también hay gente normal por el mundo, aunque os creáis que no.

Íbamos paseando y el portero de un edificio llamó a Bailee para saludarla. Ella fue a subirse. La reñí.
—No pasa nada. Si YO TAMBIÉN TENGO PERRAS.
—No, si es por ella. (Que usted me da bastante igual, vamos.)
—¡Ah! Que le estáis enseñando así. Vale.
El hombre se agachó para acariciarla en el suelo. Le di las gracias. Nos despedimos y continuamos el paseo tan bien.

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