viernes, 15 de julio de 2016

Paseando a Bailee [6]

¿Qué probabilidades hay de encontrarse tres veces a una misma persona durante un paseo por una ciudad en la que viven varios millones de habitantes?

En serio. Si alguien ha hecho un estudio sobre esto o tiene datos empíricos sobre el tema, que me los pase. Porque creo que el otro día rompí todas las estadísticas. Y si merezco un premio por haber batido un récord, lo quiero.

El caso es que, esa mañana, a Bailee le habían puesto su primera vacuna de la rabia. Le dio reacción. Y, como bebé que es, se puso muy tontorrona. Pero por la tarde había que salir a la calle aunque no le apeteciese mucho. Así que ahí íbamos las dos: caminando a ratos y paradas la mayor parte del tiempo.

Y en una de esas veces que estábamos «dialogando» mentalmente sobre que mientras se pasea no se atacan los pies humanos, empezó a acercarse una señora con el ya clásico «¡Oooooooooooooooooh! ¡Iiiiiiih! Ñeñeñeñe. Etc.» de voz estridente.

—No la salude, por favor, que se está portando mal hoy.
—Pobrecito. Es pequeño. Etc.

Total que, en vista de que la señora seguía plantada delante de nosotras, hicimos un quiebro y nos alejamos.

Un rato después, para sorpresa mía porque habíamos tirado en direcciones opuestas, volvemos a encontrarnos a la misma señora.

—Mira. Jajajajaja. Es el perrito que está castigado. ¿Le puedo acariciar? (WTH?)
—No. Que está muy excitada (y Bailee también).


Pongo cara de póker y sigo caminando como si nada.

Pero ahí no acabó todo.

Ya cuando estábamos volviendo a casa, nos encontramos con mi mejor amigo y nos paramos con él. Y Bailee, como sabe que la gente normal no la saluda hasta que no se calma (no tocar, no mirar, no hablar hasta que se tranquilice), se sienta mientras hablamos y se nos queda mirando en plan «Oye, tíos, me he sentado y aquí nadie me dice nada». Ya se agacha Edu a acariciarla.

Y en esto… ¡Correcto! Pasa la señora. ¡Sí! ¡Otra vez!

—¡¿Le puedo tocar ya?!
—No.

(Si le había dicho ya dos veces que no, ¿qué le hacía pensar que había cambiado de opinión?)

Total, que el resto del paseo fui casi como en las películas de espías, asomándome a las esquinas y mirando hacia atrás por si nos estaba siguiendo. La próxima vez que vayamos por esa zona utilizaremos bigotes postizos para camuflarnos. 

Fuera bromas, es que hay gente que se piensa que los demás tienen que hacer siempre lo que ellos deseen. Sobre todo si llevas un perro. Porque si llevas un perro estás obligado a pararte, cambiar de ruta y sonreír siempre que alguien te lo pida. Aunque lleves prisa, no te apetezca, vayas hablando con tu acompañante, estés haciendo otra cosa o simplemente no te dé la gana.

Y si no, que se lo digan a la señora duquesa de la terraza del bar.


Íbamos paseando por una acera muy ancha. De estas enormes, vamos. Y de repente una señora que estaba sentada en una mesa justo al otro lado nos empieza a llamar para que nos acerquemos. Paso de largo, obviamente. Bailee sigue caminando a mi lado como si nada.

—Menudos gilipollas (¿Se pueden escribir palabrotas en un blog?)

Yo, que ya había entrado en mi modo «no confrontación» lo ignoré totalmente. Que piense lo que quiera. Estoy paseando con mi perra y no me va a estropear el momento. Pero, de repente, cuando llegamos a la otra esquina, me di cuenta de que Pablo nos había abandonado. Por lo visto se quedó dialogando amablemente con la señora, hasta que la dejó sin argumentos y avergonzada. ¡Bien merecido! A ver si así se entera de que los demás no están a su disposición :)

jueves, 7 de julio de 2016

Buscando a Dory

«Hola, soy Dory y tengo pérdidas de memoria a corto plazo.»

Con esa frase, una voz de lo más tierna y la carita más cuqui de todo el cine de animación, se nos presenta la pequeña Dory, el famoso pez cirujano que conocimos en Buscando a Nemo, cuando ayudaba a Marlin a encontrar a su hijo.

A partir de ese recuerdo de su infancia, la Dory adulta se embarcará en una nueva aventura de búsqueda, esta vez con el objetivo de reencontrarse con sus padres. Para ello tendrá que cruzar una vez más el océano y regresar al lugar en el que nació, con todos los peligros que ello supone. Pero, por supuesto, no estára sola, irá acompañada de sus amigos y de otros muchos personajes marinos que irá encontrando por el camino.

La película cuenta el viaje de los tres peces, pero también introduce recuerdos que vuelven a la mente de Dory para mostrarnos cómo era de pequeña, cuál es su pasado e incluso qué estaba haciendo cuando conoció a Marlin.


Una vez más, Pixar nos ofrece una película que pueden disfrutar niños y adultos. Historia entretenida, personajes  entrañables, momentos divertidos, reencuentro con peces que ya conocíamos, partes emotivas y mensajes más allá de la superficie (crítica a los parques de animales, héroes no convencionales, relaciones humanas…).

Buscando a Nemo es una de mis películas de animación preferidas, pero Buscando a Dory, para mi gusto, la supera. Es una historia quizá menos divertida, pero más completa. Me encantó.


Por cierto: no os perdáis el corto que proyectan antes de la película y ni se os ocurra salir de la sala antes de que finalicen los créditos. ¡Hay sorpresa!